José el soñador!

Hola, buenos días!
Cómo están?
Yo soy José, algunos me llaman: José el soñador!
Cuando yo era un muchacho, mis hermanos mayores me vendieron,
Huum, sí, me vendieron porque me tenían envidia,
Estaban enojados conmigo porque mi padre me quería mucho y me tenía consentido,
Pues en ese entonces yo era el hijo más pequeño de mi padre Jacob, y mi madre Rebeca, la mujer que el más amo…
Además mis hermanos no me querían porque cuando cuidábamos las ovejas de papá, yo siempre le decía a mi padre lo mal que se portaban, pues tenían muy mala fama.
Recuerdo ese “trágico” día, en que mis hermanos se deshicieron de mí…
Sí, me vendieron a un grupo de comerciantes Ismaelitas que iban pasando,
30 monedas pidieron por mis… 30 monedas que nunca supe en que se las gastaron…
Aún recuerdo como el miedo comenzó a invadirme, el corazón me latía cada vez más rápido y yo les gritaba y les suplicaba que no me vendieran…
Recuerdo que los comerciantes me agarraron y me amarraron de las manos con unas cuerdas muy apretadas y me hicieron caminar detrás de los camellos, casi me arrastraron porque yo no quería dejar a mis hermanos, les gritaba que me perdonarán, que pensaran en papá..
Pobre de papá imagino lo triste que se ha de ver puesto y lo mucho que ha de ver llorado al ver mi túnica llena de sangre, ni siquiera eso me dejaron, ni siquiera pude llevarme conmigo un recuerdo de mi padre que me había hecho con tanto cariño… por cierto, era mi túnica favorita, siempre la llevaba conmigo, y aunque allá en Egipto tuve muchísimas túnicas, las más caras, las más elegantes, las más brillosas, yo hubiera querido tener la túnica de colores que me hizo mi papá…
Por cierto yo lloraba y entre sollozos hablaba con mi Dios, con mi Padre celestial, y entre sollozos le decía, donde estás? No me dejes solo… le suplicaba, ten misericordia de mi Señor, no permitas que me lleven… y aunque parecía que no me escuchaba y que no respondió a mi clamor en ese momento, al tiempo pude ver que él ya lo tenía todo planeado, y que ya todo tenía un propósito,
Que lo que hicieron mis hermanos conmigo, era parte del plan de mi Señor….
Si, ahora después de tantos años, en la historia podemos ver que Dios tenía todo bajo control…
Porque cuando llegue a Egipto, me vendieron como esclavo… me compró un Señor, un tal Potifar, que era oficial del Faraón, el fue mi amo, me trataba siempre bien, me tenía mucha confianza, tanta que me hizo mayordomo de su casa…
Pero allí termina la historia, un día cuando yo entraba en la casa para hacer mis quehaceres, la esposa de mi amo Potifar, siempre me miraba mucho y me seguía por toda la casa, ese día me no había nadie en la casa y ella aprovecho el momento y se me arrimo muy cerquita y me puso las manos encima y me dijo: José tú me gustas, duerme conmigo, y no le vamos a decir a Potifar…
Entonces yo me negué, le dije que yo jamás defraudaría la confianza de mi amo Potifar, y mucho menos pecaría contra Jehová mi Dios, que me había cuidado en el camino, que me había dado gracia ante los ojos de mi amo…
Ella se enojó, se puso furiosa, me agarro de mis ropas y comenzó a jalonearme, yo me resistí, y recuerdo que como no se detenía, yo Salí corriendo y ella se quedó con mi ropa, yo me asusté mucho pero preferí salir corriendo sin ropa, en paños menores, que pecar contra mi Dios.
Uff, un momento tan vergonzoso, porque algunos criados me vieron corres sin ropa, y atravesar el patio entre los otros criados, y no solo eso hee, sino que me fui por la calle hasta llegar a mi casa.
Recuerdo que llegue corriendo, y avergonzado, me encerré en mi cuarto llorando con miedo porque sabía que los guardias de la casa de mi amo, vendrían detrás de mí, por los gritos que esa mujer daba, diciendo que yo era quien había intentado abusar de ella….
En eso mientras aun yo lloraba, oí un alboroto, los guardias llegaron a mi puerta, y irrumpieron en mi cuarto y sin explicaciones me llevaron prisionero, y me metieron a la cárcel…
Jee, eso si hee.. no cualquier cárcel… aunque merecía la muerte, mi Dios hizo que mi amor tuviera compasión, y me pusieron en la celda con los prisioneros del rey… creo que me dieron cadena perpetua porque no hubo sentencia, ni juicio, solo me abandonaron allí…
Digo me abandonaron porque así me sentía en ese momento, abandonado por todos, la principio nadie me hablaba, todos me miraban como un abusador, pervertido…
Luego poco a poco las cosas fueron cambiando dentro de la cárcel, ya casi me estaba resignando a pasar el resto de mis días en ese lugar, así que decidí ayudar en todo, así fui haciendo amigos, y de pronto pude ver la mano de Dios otra vez sobre mi vida, ya que el capitán de la guardia de la cárcel, se agradó de mí, y me tenía en alta estima porque cuando llegaron presos el copero y el panadero del rey, de faraón, el capitán los puso bajo mi cuidado, yo los atendía, era mi deber que nos les faltara nada… y estar siempre al pendiente de ellos.
Una mañana cuando traje el desayuno a estos hombres, observe que sus rostros estaban tristes, no querían comer, estaban preocupados por un sueño que habían tenido, entonces hable con ellos y cuando me contaron sus sueños, Dios me revelo el significado y les dije que pronto el copero de Faraon regresaría a su puesto, y el que el panadero de Faraon, no tendría tanta suerte, fue muy difícil decirle que a él lo mandarían a la ahorca…
A la mañana siguiente sucedió que mandaron por ellos y los sacaron de la cárcel y así como Dios me mostro que pasaría con ellos, así sucedió… recuerdo que antes de despedirnos, le dije al copero de Faraon que se acordara mí, y que abogara por mí a Faraon… y aunque el así lo prometió, parecía que había olvidado su promesa, porque pasaron 2 años, si, dos largos años…
Y aunque parecía que el copero se había olvidado de su promesa, mi Dios no se había olvidado de mí, mi Señor Jehová, el si se acordó de mi…
Entonces una mañana de repente mientras hacia mi trabajo en el patio de la cárcel, llegaron unos soldados que yo no había visto, mi amigo el capitán de cárcel, estaba con ellos, el los guiaba hasta donde yo estaba… el miedo comenzó a invadirme, mi corazón a latir más fuerte, porque todos tenían su mirada puesta en mi…. Aunque, recordando el momento, me di cuenta que esta vez los soldados no tenían cara de enojado, ni iban con cadenas, ni se miraba en ellos intenciones de lastimarme… ni de azotarme… y llegaron hasta donde yo estaba, allí puesto en pie, paralizado por el miedo… el primero en acercarse fue el capitán de la cárcel, me dio un abrazo y se despidió de mi… me dijo: ve con ellos, no temas porque he visto que Dios está contigo…
Yo no sabía a donde me llevaban, ni siquiera tome mis pertenencias, esta vez me subieron en un caballo, y me llevaron directo a la casa del rey…. Si, aún recuerdo el día que conocí a Faraon, allí estaba yo frente a él, me hizo una seña para que me acercara y allí estaba yo, más cerca de él, cara a cara… estaba tan lleno suspenso, que no me di cuenta que a su lado estaba “mi amigo” el copero, sosteniendo su copa, y tal vez un poco avergonzado porque no habló de mi antes…
Entonces me dijo Faraon, poniéndose de pie, pude percibir la angustia en su voz… me conto la preocupación que tenía porque nadie en su reino había podido interpretar un sueño que lo acongojaba… a tal manera que lloraba y no podía dormir… no podía descansar..
Yo, recuerdo que lo mire con compasión, quise responderle y mostrarle el significado de su sueño en ese momento pero, esa voz, esa voz de mi Señor Jehová, no me dejó hacerlo en ese momento, sino que fue necesario poner un plazo de 3 días para poder traer la respuesta del sueño a Faraón,
El rey acepto, y me mando que me llevaran a un lugar tranquilo donde pudiera yo meditar,
Recuerdo que los soldados me escoltaron, caminamos por todo el pasillo y recuerdo las miradas de incredulidad y de enojo y envidia y desprecio de los “sabios” amigos de Faraon que no pudieron interpretar el sueño.
Así después de 3 días de ayuno y oración que pase a solas con mi redentor, con mi Señor Jehová, a la mañana muy temprano vino la guardia a llevarme a la presencia del Faraon para interpretar su sueño… él me dijo con angustia: tienes las respuesta? Yo le di la gloria a Dios, y le dije primero a Faraon, que eso de interpretar sueños, no estaba en mí, por lo guapo que era, o por lo bien que me portaba, sino que era Dios quien rebelaba los sueños, que Jehová era el que esa mañana le daría la respuesta… que si había alguien a quien glorificar, ese sería Jehová de los ejércitos, mi Señor y Dios.
El rey Faraon acepto, y escucho muy atento la interpretación, aún recuerdo como me miraba, y como las lágrimas corrían por sus mejillas mientras escuchaba la palabra que Dios me había dado…
Al final quedó tan maravillado que ni siquiera pido opinión de los demás sabios, sino que inmediatamente tomo la decisión y me puso por gobernador sobre T O D O Egipto… en un momento pase de ser esclavo y prisionero a ser el Gobernador de todo un país… pues a Faraón le preocupaba su país, su nación, pues este Faraón tenía un buen corazón.
Con alegría inmensa en mi corazón salí de la presencia de Faraón y lo único que quise hacer fue ir a mi lugar y doblar mis rodillas para agradecer a mi Dios tanta bondad…
Me dio esposa, una mujer hermosa: Asenat, su nombre hermoso a igual que toda ella, así, Salí a recorrer con ella por todo el país preparando todo poblado, toda hacienda para lo que había de venir…
Pusimos manos a la obra y pasamos algunos años recolectando todo tipo de grano y semilla, para proveer de comida a toda la nación, hicimos muchos inmensos graneros, y conservamos todo lo que podíamos dar de comida para cuando llegaran los 7 años de hambre a la nación…
Poco a poco llego el hambre a nuestra nación, dejo de llover, la tierra ya no produjo su fruto, y el hambre comenzó a rodear el país, poco a poco fueron llegando de todas partes, a comprar comida, la gente tenía hambre, todo lo que tenían, todas sus posiciones las cambiaban por comida, cambiaron sus tierras por comida, dejaron sus joyas, su ganado y algunos hasta querían dejar a sus hijos como esclavos, por comida… fueron momentos de preocupación y compasión, de ver a las madres como llegaban llorando he implorando por comida para sus pequeñitos… hombres que estaban dispuestos a trabajar de sol a sol, solo por la comida del día para sus familias… viudas esperando su medida de harina, y de frijol…
De repente en medio de todo ese ambiente de preocupación, mientras me encontraba organizando todo el país, toda la nación… en medio del estrés… un grupo de viajeros llamo mi atención… no eran egipcios, sus ropas eran diferentes, su manera de actuar era algo extraña, parecían extranjeros, extranjeros diferentes no como los que llegan todos los días, este grupo en especial tenía algo diferente… yo los observaba mientras se acercaban cada vez más hasta donde yo estaba… todos se postraron rostro a tierra y cuando uno de ellos habló… entonces mi corazón se detuvo… una voz gritó dentro de mí: SON MIS HERMANOS… LOS QUE ME VENDIERON… una y otra vez esa voz retumbo en mi cabeza, SON MIS HERMANOS… LOS QUE ME VENDIERON, LOS QUEME SEPARARON DE MIS PADRES… SON MIS HERMANOS!!!
Tuve un impulso de gritarles que yo era José su hermano menor al que ellos habían vendido…
Pero algo se apodero de mí, dentro de mi yo quería abrazarlos y besarlos, pero el orgullo, el dolor que viví todos esos años lejos de mi padre, el rechazo que ellos mostraron hacia mí, me hizo poner un rostro duro y en cierta forma tratarlos ásperamente… entro un deseo de vengarme de tratarlos sin compasión… pero mi temor a Dios no me dejo..
Por muchos días tuve una lucha dentro de mi… cada vez que los tenía frente a mi, yo me decía para mis adentros: NO VOY A LLORAR.. NO DEJARE QUE EL SENTIMIENTO ME GANE… HARE COMO QUE NO SIGNIFICAN NADA PARA MI, LOS VOYA TRATAR COMO CUALQUIER OTRO EXTRANJERO.. NO PERMITIRE QUE ME DOBLEGUEN LOS RECUERDOS…
Pero entre más luchaba dentro de mí, los recuerdos se agolpaban en mi cabeza, el sentimiento se apodero de mi corazón, a tal punto que ya no pude estar en la presencia de ellos y me escondí para llorar… entonces la tristeza y el dolor de todos estos años, que trate de disimular y hacer como que ya todo lo había superado, parecía que todo estaba resuelto, ahora tenía una esposa y dos hijos, tenía una familia, tenía un puesto importante, era el gobernador de una nación… tenía un futuro envidiable… porque tenían, que aparecer mis hermanos, los recuerdos, un mundo de sentimientos encontrados se agolparon en mi ser, y no pude detener mi llanto, me encerré y llore a gran voz delante de mi Señor, de Jehová y le pregunte: porque? Una y otra vez: ¿por qué? ¿POR QUEEEE?
Dentro de mí sentía que no podía perdonarlos, pero esa voz dentro de mí, no me dejaba, esa voz me dulce y suave, tierna y compasiva, me decía: VE, SI PUEDES PERDONARLOS… VE, MUESTRALES MI AMOR… MUESTRALES MI MISERICORDIA!!!
No me pude resistir, salí corriendo hasta donde ellos estaban y entre lágrimas y sollozos les grite: YO SOY JOSE, SU HERMANO… en ese momento sentí que algo se desprendió de mi ser, y que a la vez me inundaba un sentimiento de amor y compasión… sentía como si mi Señor, mi Dios, en el momento de yo soltar el perdón, el inmediatamente vaciaba de su amor en mí, sentía que llenaba mi vida en ese momento con todo el amor que no les di en todo el tiempo que no los vi..
Fue tanta la emoción del encuentro que ni siquiera me acorde que me habían vendido, todo lo que sabía era que Dios me había llevado hasta Egipto con ese propósito, hasta entonces pude ver por qué Dios permitió que me vendieran, que yo estuviera en la cárcel, y ahora como gobernador… Gracias mi Señor…. Gracias!!!
Y la historia no termina allí, esa felicidad de ver a mis hermanos y tenerlos frente a mí, fue poco, comparado con la dicha de poder ver una vez más a mi padre…
Recuerdo que desde lejos lo vi venir y fui a su encuentro, corrí y lo abrace y lloré largamente sobre su cuello, y él me besaba y me tocaba el rostro con sus manos temblorosas, y sus ojos se entrecerraban para poder verme, fue un momento indescriptible con todas estas palabras no termino de describir lo que significó para mi estar de nuevo con mi padre.
Aprendo muchas cosas, primero que todo lo que pasa en la vida es con un propósito de Dios.
Segundo: que debo perdonar a mis hermanos para poder ver a mi Padre Celestial.
Y tercero: que como iglesia una vez fuimos arrancados de la presencia y cuidados del padre celestial, Satanás nos arrebató de su lado…
Y ahora para poder regresar a la presencia de nuestro Padre, debemos primero perdonar a nuestros hermanos, a nuestros semejantes, a los que intentan hacernos daño para poder estar cara a cara con “Papá”.