El paralítico de Betesda
San Juan 5:1-16

Pues ahí estaba yo un día como cualquier otro,
Acostado, sin poder moverme, casi sin pensar en nada,
Mi mirada se perdía entre mis pensamientos…
Hacía tanto tiempo que yacía tendido en aquel mismo lugar,
Desde que me diagnosticaron esa enfermedad y supe que ya nada ni nadie podía ayudarme,
Entonces me aferre a lo que decían de ese Estanque,
Y así fui a dar a aquel lugar, un enfermo más, un desahuciado sin remedio para la humanidad, allí estaba yo, uno más entre la multitud…
Recuerdo como eran mis días al principio, tenía mucho entusiasmo en que pronto tendría mi milagro, esperaba ser uno de los afortunados que entraran primero al agua cuando estas se movían, supuestamente por un ángel…
No recuerdo cuantos milagros escuché de aquel lugar, no sé exactamente cuántos milagros vi pasar frente a mí, uno tras otro, y ahí estaba yo, esperando con gozo y entusiasmo mi milagro…
Hasta que me di cuenta que conforme los días y años pasaban, yo era diferente de los demás, no tenía quien me metiera en el estanque cuando sus aguas se agitaban…
Yo me esforzaba lo mas que podía, me arrastraba como me era posible, con mis manos me aferraba al piso, recuerdo el dolor en mis uñas cuando no podía moverme, aun a veces usaba mi cara en el piso, mi cabeza para ver si lograba moverme un poco más rápido.
Pero una y otra vez sucedía que cuando llegaba yo al estanque, ya muchos me habían ganado a entrar, y ahí estaba de nuevo, llorando, recuerdo haber gritado más de una ocasión, y como mi rostro se lavaba con mis lágrimas que corrían por mis mejillas, y como quedaba sin fuerzas…
Recuerdo como algunos que podían moverse, me quitaban del camino para que yo no estorbara a la hora de que corrían a las aguas…
5 pórticos llenos de multitud de enfermos, cojos, ciegos, y más paralíticos… todos esperando un milagro… y allí me tenías a mí 38 años enfermo, sin moverme de aquel lugar día y noche…
Cada nuevo día era un comienzo para mí, cada amanecer mientras el sol se ponía mientras brillaba, brillaba también mi esperanza, cada mañana nacía de nuevo la ilusión en mi corazón: ese podía ser el día de mi milagro… solamente tenía que llegar primero que los demás al agua.
Pero hubo un día, diferente a los demás, ese día el sol brillaba en todo su esplendor, aún recuerdo el calor del día, y recuerdo que era uno de los días más solos en el estanque, porque muchos que podían iban a la fiesta en la ciudad… y allí yacía mi cuerpo inmóvil… recuerdo escuchar el sonido del bullicio de la gente a lo lejos en su fiesta…
De pronto mis oídos percibieron el ruido de un caminar… mis ojos vieron como la sombra de un hombre se acercaba a mí, y de pronto lo tenía frente a mí, vi sus sandalias, sus pies hermosos, moví mi cabeza lo más que pude para poder ver su rostro y cuando mis ojos se encontraron con su mirada tierna,
Al principio pensé que era un buen samaritano que me llevaba algo de comer, o que me daría agua a beber, o tal vez por compasión me moverían de lugar para que el sol no me quemara en el mismo lugar…
Y entonces fue que escuche su voz de compasión que me dijo: ¿quieres ser sano?
Yo me sentí acongojado en gran manera, y en vez de responder con un simple SI, me vi dando mis propias excusas, con un nudo en la garganta le explicaba que no tenía a nadie que me metiera en el agua y que cuando yo llegaba como podía, ya otros me habían ganado.
Ese hombre me miro tiernamente, y aún recuerdo como se movían sus labios al pronunciar: Levántate, toma tu lecho y anda.
Al instante sentí el poder de sus palabras y la sanidad recorriendo mi cuerpo, su voz me lleno de fuerza y entonces no dude en levantarme, solamente hice lo que él me dijo: me puse de pie, tome mi lecho, y me fui… sin preguntarle su nombre, sin si quiera darle las gracias… camine lo más rápido que pude, quería que todo el pueblo me viera, quería que todos supieran que había recibido mi milagro, fue entonces cuando preguntaron quién era ese hombre, que no recordé haber preguntado cómo se llamaba…
Días después yo me encontraba en el templo, era mi lugar favorito para ir a agradecer a Dios por ese milagro en mi vida, cuando en la puerta me encuentra de nuevo ese hombre y ahora se y puedo decir que su nombre es: Jesús.
Jesús me sano, Jesús tuvo compasión de mí,
Jesús tuvo misericordia de mi… ese hombre se llama: Jesús!